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Presentación apostólica en la colonia Bethel

Presentación apostólica en la colonia Bethel

El domingo 3 de mayo, el Apóstol de Jesucristo Nasón Joaquín García saludó a los hermanos de la colonia Bethel (Guadalajara), luego de concluir la Escuela Dominical–presidida por el P.E. José Moreno, ministro en turno–. El reloj marcaba las 12:16 del mediodía.

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Bethel: colonia de hijos de Dios

Desde el balcón de su casa, el Apóstol Naasón Joaquín dirigió un emotivo mensaje a la Iglesia: “Vine a verlos porque quería estar con vosotros, con mi hermosa colonia Bethel, la que me trae tan hermosos y gratos recuerdos. Que alegría siente mi alma verles, contemplarles y recordar tantos momentos hermosos y felices que Dios me ha permitido vivir en esta hermosa colonia de Hijos de Dios”.
Refirió la alegría que experimenta al contemplar en la Iglesia la comprensión y la fe que Dios ha puesto en los corazones, y de ser testigo de la unidad que ha hecho el Señor en cada hermano, a pesar de que algunos pocos han pretendido introducirse en las conciencias para desbaratar esta obra, sin éxito. Lo que de arriba viene es sobre todo.

La Iglesia tiene un dueño y Señor: Cristo

Exhortó a la Iglesia a reconocer que las almas son de Dios –no de los hombres–, y evocó el pasaje del Evangelio de Juan, capítulo 17, donde el Señor Jesucristo, en su oración que elevó a su padre, refiere: “Tuyos eran y me los diste”. Esto, por aquellos que dolosamente se preguntan: ¿por qué se adjudica la iglesia?… “Yo nunca me he adjudicado nada –acotó, yo no he hecho nada… Yo apenas voy comenzando en este Ministerio, pero una cosa es cierta y segura: vosotros sois de Dios, sois de Cristo… En el trabajo, labor y ministerio que hicieron tanto el hermano Aarón y el hermano Samuel, Cristo trabajó en vosotros para traerlos a su redil y a su Iglesia”.

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El Siervo de Dios hizo un paralelismo de cómo aquellos hermanos que creyeron en el Apóstol Aarón Joaquín, llegado el momento, Dios tomo sus corazones para creer en el Apóstol Samuel Joaquín, aquel 9 de junio de 1964. Algunos, en ese momento tenían solo una año de bautizados y de conocerlo, otros 10, 20 o más años; y, sin embargo, recibieron ese hermoso Ministerio porque Dios obró en sus corazones y fueron muy felices con el Apóstol Samuel. Sin embargo, Dios tenía otro plan. Como Dios quería que su Iglesia continuara y la vida del hombre tiene un término que Dios ha establecido para todos los hombres, incluyendo Su hijo amado Jesucristo, a Dios le plació, sin consultar a nadie, por su gusto y voluntad, levantar a otro Apóstol.

Al ser humano no le gusta sujetarse a nadie –dijo–, pero hay alguien que si tiene dominio sobre nuestra carne y sobre nuestro espíritu, y en un momento cambia el corazón de una forma impresionante e incomprensible para la mente humana. Es el caso de la inconformidad del sacerdote Ananías ante la elección de Saulo, cuando éste fue manifestado por Dios como su Apóstol. No podía aceptar que aquel hombre que perseguía, asolaba e incluso consentía la muerte de los cristianos, ahora fuera un Apóstol de Jesucristo. Ante tal rebeldía el Señor le corrige: “Ve, porque instrumento escogido me es este”.

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Mi tiempo ha llegado

Recordó también la hermosa manifestación de Dios a todo su Pueblo el histórico 14 de diciembre de 2014. Había algunos que decían que un grupo de pastores tenía que hacerse cargo de la Iglesia; otros que tenía que dirigirla alguien que no fuera de la familia (Joaquín); otros afirmaban que sí tenía que ser de esta familia; pero lo que unos y otros olvidaron es que esta Iglesia es de Cristo y que los apóstoles Aarón y Samuel Joaquín solo la administraron durante el tiempo que Dios la puso en sus manos para que la cuidaran: “Por eso el hombre no puede quitar de ti lo que Dios ha puesto en tu corazón, porque tú no eres trabajo de un hombre, sino de un plan y trabajo de Dios”.

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A los que sostienen –sin argumentos– que a Él no le corresponde este Ministerio Santo, les dijo: “Claro que me corresponde”. Por ello testificó la lucha que mantuvo con Dios aquel 8 de diciembre, cuando el Señor le habló: “¿Cómo me voy a levantar a un Pueblo que su corazón lo tiene entregado a mi padre?”. Y la voz del Señor le respondió: “Tú levántate, de lo demás me encargo yo”; y reiteró: “Yo veía lo que humanamente no podía suceder, pero, en un instante, el pueblo que lloraba la partida del hermano Samuel en otro instante, estaba dando la gloria a Dios por su misericordia”. Mencionó que aunque él no recuerda haber dicho esa frase insigne de su manifestación –mi tiempo ha llegado–, para los hermanos, quienes fueron testigos de lo anterior, en aquella expresión sus corazones fueron fundidos y quedaron unidos para siempre a la Elección del Apóstol Naasón Joaquín.

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Despedida

En otro momento, recordó a la Iglesia la forma como Dios levanta a un continuador, no de la obra de los hombres, sino a un continuador del Plan de Dios. “Mientras ellos se amargan, nosotros nos alegramos cada vez más y más, porque nosotros no somos de los que sufren la separación, nosotros somos de los que se gozan”, afirmó categórico.

Invitó a los presentes a cantar el himno número 476: “Santo, Santo, Santo, grande eterno Dios”. Posteriormente, recordó las palabras del hermano Aniceto (de Ciudad Guzmán), que presidió la oración de cinco de la mañana el día jueves 30 de abril, quien en su sentir expresó: “Los que no aceptan al hermano Naasón nos reclaman: ´¿Por qué se olvidaron del hermano Samuel?´… Y yo les digo: ´Conmigo no vengan a pelear, vayan y reclámenle a Dios y a mí déjenme gozarme con él´”.
Al final de su mensaje, el Apóstol Naasón Joaquín interrogó a los más de siete mil hermanos congregados en la colonia Bethel: “¿Tú quieres pelear con Dios? ¿Quieres reclamarle por qué lo hizo así? Mejor dale gracias”. Con este consejo se despidió de la Iglesia, recordando las bendiciones que en este lugar recibió de parte de Dios, como su presentación de 14 años, su bautismo, la recepción del Espíritu Santo y el grado de Pastor Evangelista, entre otras.

“Veo una hermosa Iglesia que me ama. Dios les pague y les bendiga. Dios les siga engrandeciendo y prosperando, y que esta hermosa colonia sea también notoria en todo el mundo. La paz de Dios quede en sus corazones. Dios les bendiga en el nombre de Cristo Jesús”. Con estas palabras de bendición, el Apóstol de Jesucristo se despidió de los hermanos de la colonia Bethel, a cuatro días de su presentación con la juventud de la República Mexicana en Silao, Guanajuato.

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Fuente: Unidad de Crónicas Apostólicas

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