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Presentación apostólica en Houston, Texas

Presentación apostólica en Houston, Texas

22 de Febrero de 2015

 

El pasado 22 de febrero de 2015, el Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García, se presentó en la Iglesia de Houston, Texas, donde presidió la Escuela Dominical. Invitó a esta reunión a las iglesias de Harlingen, Mission, Port Arthur, Laredo, Luling, Raymondville, Victoria, Corpus Christi, Nueva Orleans, Luisiana y Mississippi.

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El majestuoso templo de Hoston lucía pletórico. En su interior se leía un prominente letrero: “El manto de la Elección nos ha tocado”. A las 10:36 horas, el Apóstol de Jesucristo ingresó en la Casa de Oración. Al ir caminando sobre la alfombra azul del pasillo central, enmarcada por hermosas columnas de flores, dirigió las siguientes palabras: “Hermosa alegría siento al estar de nuevo con ustedes, iglesia de Houston. Mi corazón ardía por verlos. Alabemos a Dios, porque a él corresponde la gloria”. Las manifestaciones de amor, fe y reconocimiento a la Elección Apostólica brotaron de lo más íntimo de los corazones de los creyentes. La recepción fue apoteósica.

 

A las 10: 41 horas, el hermano Uzziel Joaquín dirigió las palabras de bienvenida al Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín. Concluyó con las siguientes palabras: “Seguro se halla el aprisco”.

Salutación Apostólica

Las primeras palabras del Apóstol del Señor fueron las siguientes: “El saludo y deseo para toda la iglesia de Houston, Texas, y los lugares aledaños a ella, es que la paz de Dios nuestro padre y que la gracia de Cristo Jesús sigan morando en vuestros corazones.

“Todavía recuerdo la última visita que hice a esta ciudad, unos días antes de que recogiera al Apóstol de Dios. Una visita llena de dolor por la aflicción de la enfermedad de mi padre. Sin embargo, regresamos a la ciudad de Guadalajara.

“En esa bendita voluntad de Dios, Él manifestó aquel 8 de diciembre llevarse a su eterno descanso al Apóstol Samuel Joaquín. Muy justo y muy merecido, porque fuimos testigos de ese arduo trabajo que llevase por 50 años. Queríamos alegrar su vida todo el tiempo que fuese posible. Eso era lo que nosotros queríamos, pero Dios tenía otra voluntad y otros planes –que no los determinó ese día 8 de diciembre, cuando se llevó a nuestro hermano Samuel Joaquín–, que ya estaban escritos desde antes de la fundación del mundo, decididos por Dios, pero que no los conocíamos. Esa misma voluntad fue la que me puso al frente de vosotros aquel día 14 de diciembre, porque aquella voz que me decía: “Nasson: tú estarás al frente de este pueblo”, señalaba una continuidad. El Señor estableció en esta nueva era el inicio de un nuevo ministerio (no el ministerio del hermano Aarón ni del hermano Samuel). Aunque es el mismo Dios el que me ha dado este Ministerio, son trabajos diferentes. Es la continuidad de lo que él estableció en la Restauración de la Primitiva Iglesia de Cristo hasta el día que el venga”.

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Sois el sello de mi apostolado

“En esta voluntad que Dios, Él no le pidió absolutamente a nadie su opinión sino que estableció su voluntad. ¡Qué alegría de ser parte de esta gracia y que me hayáis aceptado! Hoy, este encuentro con vosotros ya no es de dolor, es un encuentro que refleja una inmensa alegría y una grande felicidad porque la voluntad de Dios se ha manifestado. La obra de Dios no se acabó, ¡continúa por todo el mundo! Y ante vosotros puedo expresar con toda libertad: ¡Si para otros no soy Apóstol, para vosotros ciertamente lo soy, porque vosotros sois el sello de mi apostolado! Este sello está puesto en tu corazón y no te lo puso ni sangre ni carne: este sello te lo puso Dios el día que Él me levantó en este Santo Ministerio”.

El manto de la Elección

“Así como lo hice en los países que el Señor me ha inspirado visitar en el inicio de esta Gira Universal, yo te pregunto: ¿El manto de la Elección Apostólica también te ha tocado a ti? ¿Habéis visto al que ha elegido Jehová? ¿Me habéis recibido como Apóstol de Jesucristo?

“Vosotros estuvisteis al pendiente de nuestro padre en la fe, en aquel entonces nuestro hermano Samuel Joaquín, durante los años de su enfermedad. Y es que en esta ciudad de Houston, Texas, él permanecía el 50% de su tiempo para su atención médica. Por ello, en la Gira Universal yo me decía: “Tengo que ir a la Iglesia a la que mi padre hubiera querido agradecerle todas sus atenciones, sus cuidados, sus desvelos, sus lágrimas…”. No podía quedar esto al aire. Yo tenía que estar con vosotros y es por eso que yo la llamo una presentación de una deuda de gratitud.

“La gratitud es la virtud que nos ayuda a no olvidar lo los favores recibidos de parte de nuestro Dios, y Él, en tu corazón, hizo muchos favores al apóstol de Jesucristo. Mi eterna gratitud hacia vosotros, hermanos de Houston y de todo su distrito, quienes también colaborasteis en estas situaciones. Al participar en la tribulación del Apóstol de Dios yo te digo: “Bien hicisteis. Dios preparó vuestros corazones para ello”.

A semejanza de la viuda de Sarepta, Dios preparó los corazones

“El Apóstol del Señor citó el testimonio de la viuda de Sarepta de Sidón y el profeta Elías: “Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo: Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente” (1a Reyes 17: 8-9).

Enseguida comentó este texto: “Cuando la Escritura señala que Dios había dado una orden a una mujer viuda, no debemos entender que aquella mujer escuchó directamente la voz de Dios, sino que Él ya la había preparado en su corazón, sus sentimientos, su fe, su amor, su solicitud y su cuidado para recibir al profeta Elías. Cuando él le dice “tráeme agua y un bocado de pan”, aquella mujer le responde que en su casa ya no hay comida y que preparaba una torta con aquella poca harina y el aceite que quedaba.

“El profeta del Señor, a pesar de la condición que la mujer, le dice: “No tengas temor, ve, haz como has dicho, pero hazme a mí primero”; es decir, ella no escuchó la voz de Dios, pero su corazón ya estaba preparado. A su corazón lo había tocado aquel manto de la Elección, y la mujer no puso ningún reparo. Agarró la poquita harina y el aceite que le quedaba, lo cocinó y se lo llevo al profeta de Dios.

“Podemos afirmar con toda seguridad que, al igual que la viuda, Dios preparó de antemano vuestros corazones. Lo que tú hiciste al Apóstol de Jesucristo Samuel Joaquín Flores, no fue lo que el hermano Agustín o el hermano José Hernández o el hermano Uzziel te dijeron: el que realmente puso el sentir en tu corazón fue Dios. Lo más grandioso de nuestra Iglesia es que lo que tu obras no es algo que nace de tu corazón, sino que hay alguien que te lo hace sentir”.

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“Iglesia de Houston: eres bienaventurada”

“Jamás en la mesa del Apóstol de Jesucristo menguó el pan, ni el agua, ni el cobijo… Siempre llegaba a este lugar él decía: “En este lugar de sufrimiento yo tengo un oasis”. Y no se refería a esas islitas, se refería a los corazones de cada uno de ustedes, los cuales ya estaban dispuestos por Dios para que a su siervo no le faltase absolutamente nada. Por eso, por vuelvo a repetir, Dios preparó de antemano vuestro corazón. Tuviste la bendición de ser una aldea de descanso para el siervo de Dios. Él venía con toda tranquilidad y seguridad. Y vosotros estuvisteis al pendiente de su estado de salud. En esta iglesia mi padre se sentía como en su casa, porque fuisteis morada y reposo del Apóstol de Dios. Por eso hoy yo te llamo, hermano de Houston y de todas las iglesias de alrededor, hoy te llamaremos “Iglesia bienaventurada”, porque en ti puso Dios ese hermoso corazón, para que recibieras y atendieras en ese momento de dolor al Apóstol del Señor, y le dieras descanso, alegría, felicidad, tranquilidad… Bienaventurado eres hermano, porque eso lo puso Dios en tu corazón.

“Tú aderezaste mesa delante de él. Mi corazón se conmueve ante vosotros porque sois benditos de Dios. Y no es solamente mi palabra que te está diciendo que tú eres bendito de Dios: son tus hechos, tu amor, tus actos, tu actitud, tu atención la que hoy te deja como un pueblo bendecido de Dios. Dios te siga bendiciendo y cumpla la promesa que él dijo: “Bendeciré a los que te bendijeren”.
Recibisteis al Apóstol de Dios, recompensa de Apóstol del Señor te dará y te bendecirá porque esa es su promesa”.

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Oración apostólica a favor de la Iglesia de Houston

Antes de finalizar su presentación, el Apóstol del Señor elevó una oración a favor de la Iglesia de Houston y las iglesias invitadas: “El Señor dice: no debáis a nadie nada”, y también dice: “Sed agradecidos”.

“Hoy vengo a pagar esa deuda de gratitud de dos formas. En primer lugar, vengo como hijo del Apóstol de Jesucristo, nuestro hermano Samuel Joaquín, a decirte a nombre de mi madre, la hermana Eva García de Joaquín y de nuestra familia, que Dios te pague.

“Pero también, en el ejercicio del Apostolado que por su gracia me ha dado, vengo como Apóstol de Jesucristo. Y en este carácter, no sólo te digo que Dios te pague, sino he tomado en mis labios la autoridad con la que Dios me ha revestido, y te digo las palabras que Eliseo hizo aquella mujer sunamita: “He aquí tú has estado solícita para con nosotros con todo esmero, ¿qué quieres que yo haga por ti?” ¿Necesitas que le ore al Rey de Reyes y pida algo a tu favor?

“Hermano de Houston: por la Autoridad Apostólica que el Señor ha depositado en mí, hoy abro mis labios, extiendo mis brazos y les pregunto: ¿qué puedo hacer por vosotros? Díganme cómo les puedo pagar y yo le diré a mi Padre que cumpla vuestras palabras. Que el Señor abra para vosotros las ventanas del Reino de los Cielos y derrame sobre vosotros bendiciones espirituales. Que en vuestras vidas experimentéis la paz y la prosperidad. Que Dios ponga en vuestros hijos un corazón lleno de amor. Que la tinaja de harina no escasee ni la vasija de aceite disminuya. El señor bendiga a esta Iglesia en todas sus necesidades. El señor prospere y guarde tu entrada y tu salida, sane vuestros dolores y vende nuestras heridas. Que Dios te multiplique en grande manera y su gracia te acompañe. Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falte conforme a su riquezas en gloria, en Cristo Jesús.

“Bendito padre celestial, tú que me has puesto al frente de este pueblo y me has llamado para ejercer este Ministerio. Tú que me has dado una autoridad y me has dado la bendición de verte cara a cara y platicar contigo, ya no voy como un ministro, ya no voy a ti como un pastor, ya no voy como el hijo de Samuel Joaquín… Voy como tu esclavo, como tu siervo, a decirte que yo soy testigo de lo que ellos han hecho y lo que han puesto por mi padre.

“Señor, abre las ventanas de los cielos, derrama tu bendición sobre ellos. No tengo oro ni plata que ofrecerles, pero Tú suple sus necesidades mientras sea para bien de su alma y de su salvación. Cumple todos sus deseos, multiplícales todos sus bienes. Te lo ruego por la autoridad y la facultad que tú me has dado y que tú dijiste: “Todo lo que atares aquí en la tierra atado serán los cielos. Que esa palabra que has dado aquí en la tierra, Señor, Tú la resuelvas y la devuelvas en esas grandes bendiciones. En el nombre de tu hijo amado Jesucristo”.

Despedida

Antes de despedirse, el Apóstol de Jesucristo dirigió las siguientes palabras: “Iglesia de Houston Texas: en mi Ministerio yo te quiero llamar como mi aldea de Betania, y siempre diré: ´Ahí están mis amigos Lázaro, María y Marta, que estarán dispuestos a recibirme cuando yo pase por estos lugares´. Que el alto Dios te bendiga. Dios, quien me ha puesto al frente de este Pueblo, cumplirá toda mi palabra que hoy he dicho. La paz de Dios quede en vuestros corazones y Dios los bendiga.

Mientras el Coro entonaba la alabanza “Ayúdame a amarle”, el Apóstol del Señor se despedía con grande alegría de la bienaventurada Iglesia de Hosuton.
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Fuente: Unidad de Crónica Apostólica.

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